jueves, 4 de febrero de 2010

SALVEMOS LA ESPERANZA, CON CHÁVEZ SIEMPRE

Un Grano de Maíz
SALVEMOS LA ESPERANZA, CON CHÁVEZ SIEMPRE
Las revoluciones no son obras de dogmáticos, ni de reformistas. Tienen un alto grado de análisis del torbellino de la realidad, análisis que requiere navegación sin el prejuicio del dogma o del miedo al cambio, reclama la audacia que sólo brota de la pasión revolucionaria.
Esa pasión hizo posible superar el dogmatismo que dictaba que la Revolución sólo era posible en países con alto grado de desarrollo, y así se abrieron las compuertas de la Revolución Soviética.
La Revolución Cubana, desde sus inicios es una lucha perenne contra dogmatismos y reformismos, allá ha triunfado la emoción, sólo el sentimiento hizo posible que se intentara la Revolución en un país sin desarrollo capitalista, con un proletariado incipiente, a noventa millas del imperio, etc. Y sólo la pasión y la audacia teórica y práctica los llevó al triunfo.
Aquí en Venezuela, mientras muchos se deslizaban al campo enemigo o se refugiaban en la comodidad de un anarquismo declarativo, y otros, los menos, rumiaban su rabia inermes en sus buracos personales, aquí surgió un corrientazo que abrió las compuertas al río de la historia que estaba represado desde Bolívar y Zamora: un grupo de jóvenes, guiados por profundos sentimientos de amor, dejaron todo por ir a buscar la dignidad perdida. Eso fue el 4.
Después del 4 de febrero, el río de la historia arrasó con la parsimonia y trajo consigo los vientos de la Revolución. Desde ese día hemos avanzado en el camino revolucionario, más que nunca y más que nadie.
Ahora es menester un análisis audaz de la situación. Veamos.
Las revoluciones reales, se resumen, tienen como centro a una persona. Así ha sido siempre: Bolívar, Lenin, Fidel, Mao, Lumumba, Chávez, ilustran y afirman el fenómeno.
Los revolucionarios impregnados de mecanicismos y dogmatismos muchas veces no perciben la importancia del líder. Los reformistas, siempre inventan mil teorías para minar la conexión del líder con el pueblo. Los capitalistas, astutos y rigurosos en sus estudios, detectaron temprano este fenómeno y lo usan para su provecho: Asesinan a los líderes: al Libertador, a Sucre, a Zamora, a Fabricio, a Lumumba, Torrijos, Allende.
Ahora la Revolución Bolivariana es objeto de una ofensiva antisocialista que tiene un solo objetivo: debilitar el núcleo de la Revolución, al Comandante. Expliquemos.
La primera intención es desacreditar a Chávez. Si revisamos las declaraciones de voceros oligarcas nacionales y extranjeros, encontraremos una línea común que viene desde los tanques pensantes del norte: todos hablan del fracaso del proyecto, de la incapacidad del gobierno y de Chávez, todos anuncian que el gobierno está cayendo. Decretan: “sálvese el que pueda”.
Intentan confundir al pueblo, ganar las parlamentarias, y desde allí desarrollar el golpe fascista.
Al lado de esta corriente, está la vertiente del golpe tradicional, que por ahora parece no tener fuerza, y se limita a una labor de distracción. El reformismo interno, siempre ambiguo, contribuye a la debilidad.
El deber de la Revolución es defender al Comandante. No hay Revolución posible sin Chávez.
¡Con Chávez Siempre!