martes, 20 de octubre de 2009

Conmemoramos 44 años del secuestro y posterior asesinato del combatiente militante Alberto Lovera "Pipote" a manos de la Digepol

Sigues en nuestra memoria y ejemplo "Camarada Pipote"
La verdad surgió del mar en una playa de Lechería, Estado Anzoátegui, donde un grupo de criminales con chapas policiales y apoyo institucional había lanzado el cuerpo sin vida después de haberlo sometido a insoportables tormentos. La exhumación indicó que las yemas de sus dedos habían sido rebanadas, tenía vértebras cervicales desprendidas y para que se hundiera le ataron una cadena con un pico de los usados en construcción.
Alberto Lovera, tal como fue devuelto por el mar luego de su horrendo crimen, hasta hoy impune
.
"Alberto tu no estas muerto aunque los que te mataron andan caminando y sueltos"
Luis G. Gonzalez P.
El 18 de octubre de 1965 a eso de las 6:00pm es detenido cerca de la Plaza de las Tres Gracias el camarada Alberto LOVERA, dirigente del Partido Comunista de Venezuela, quien circulaba en su automóvil, un “Mercedes-Benz” color azul cuando fue interceptado por una comisión de la DIGEPOL encabezada por el “capitán” Carlos VEGAS DELGADO. Era Ministro de Relaciones Interiores el doctor Gonzalo BARRIOS.
Alberto fue de inmediato trasladado a la sede de la DIGEPOL en el Edificio “Las Brisas” donde comenzó a ser torturado. El director de esa policía política era J. J. PATIÑO GONZÁLEZ. El auto de Alberto fue visto aparcado en el estacionamiento (sótano) del cuerpo represivo por otros detenidos, y comenzó entonces el calvario para el preso, sometido a crueles tormentos por “los muchachos de Carlos Andrés”, como se le llamama a los los funcionarios más agresivos, atracadores con apoyo institucional, del Departamento de Jefatura de la DIGEPOL.
El 23 de octubre a tempranas horas de la noche Alberto es llevado al Retén “Planchart” en Puente Mohedano y allí continúan torturándolo hasta que sus captores deciden trasladarlo al Campo Antiguerrillero de “Cachipo” en el Estado Monagas, donde fue rechazado su ingreso debido al estado físico en que se hallaba por los maltratos recibidos.
La inmoralidad de adecos y copeyanos era tanta que llegaron a esparcir la especie de que Lovera se había “ablandado” en su línea política y por ello había sido ejecutado por sus propios compañeros de línea “dura” (recordemos el documento “Operación Loto contra Macuare” que fue ‘descubierto’ en uno de los allanamientos practicados por los mismos asesinos de la DIGEPOL en la casa de Gustavo MACHADO en septiembre de 1963), infundio convertido en información oficial por parte del Jefe de la DIGEPOL, J. J. PATIÑO GONZÁLEZ, quien para ello se valió de un exmilitante del PCV, el delator Helímenas CHIRINOS, y de otro policía de su misma calaña, Ramón Ovidio ATAIDE OLVERA.
Y mientras aquí, en el diario “El Nacional”, el dirigente adeco Carlos CANACHE MATA, quien por la responsabilidad que tenía en el partido y en el gobierno era difícil que ignorara lo que con LOVERA ocurría, escribía ristras de sandeces mal intencionadas tratando de negar la responsabilidad de su gobierno, su partido y su policía política en las torturas que sufría el desaparecido, sembrando dudas respecto a la presunta huida de Alberto, su incorporación a la guerrilla y la posible muerte a manos de los mismos comilitantes del camarada preso por disensiones internas, desarrollando el esquema que sus jefes le habían ordenado.
La verdad surgió del mar el 27 de Octubre, en una playa de Lechería, Estado Anzoátegui, donde un grupo de criminales con chapas policiales y apoyo institucional había lanzado el cuerpo sin vida después de haberlo sometido a insoportables tormentos. La exhumación indicó que las yemas de sus dedos habían sido rebanadas, tenía vértebras cervicales desprendidas y para que se hundiera le ataron una cadena con un pico de los usados en construcción.
Fue su último grito de protesta a Venezuela y el mundo, señalando el destino de los desaparecidos políticos. Su mensaje, más allá de la muerte, dejó constancia de la falsa democracia que vivíamos, la cual mediante los métodos más aberrantes de tortura pretendían doblegar el valor y la lucha de hombres como Alberto Lovera. Su vida fue modelo de abnegación en la lucha por transformar la patria. Fiel a sus ideales respondió con el silencio a los sicarios que lo torturaron. La integridad de su conducta sirve de ejemplo a las nuevas generaciones.

“La única manera de mantener viva la memoria popular es recordando actos pasados para que no se repitan hoy”.
Estamos en un momento histórico en el que se hace necesario recordar la manera en cómo el sistema “democrático” de la cuarta república aplicaba sus políticas sociales y cómo ese mismo sistema devoró y “desapareció” a muchos de los que se le oponían cuando, por perseguir un sueño en común, fueron brutalmente castigados unos y asesinados otros.
Este es el caso del profesor Alberto Lovera, un dirigente revolucionario surgido de la clase obrera petrolera venezolana que fundó varios Sindicatos Petroleros en el Estado Zulia al tiempo que fue cofundador de la Juventud Comunista (JCV); dirigente del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en el Zulia, Lara y Caracas; activo organizador de la huelga petrolera de 1950 y activo luchador desde los primeros instantes de la derrota de la dictadura de Marco Pérez Jiménez. Cuando fue detenido y desaparecido en 1965, formaba parte del Buró Político del Partido Comunista de Venezuela (PCV) siendo uno de sus máximos dirigentes que militaban clandestinamente.
Nació en el estado Nueva Esparta, y desde muy joven estuvo vinculado a las luchas emprendidas por los trabajadores portuarios y pescadores del oriente del país. Luego se fue a trabajar al Zulia donde, en los Campos Petroleros, fue testigo no sólo de la aberrante explotación del hombre por el hombre, sino también del saqueo y la corrupción que sufría Venezuela comandada por traidores vende patria que, en comunión con los imperios extranjeros cosían y descosían al país. Allí en el Zulia fue pionero organizando a los obreros petroleros en sindicatos clasistas llamados Sindicatos Rojos junto al PCV, partido del que ya formaba parte activamente como dirigente. Posteriormente se traslada al estado Lara para finalmente radicarse en Caracas entregándose de lleno a la lucha por la justicia y la libertad nacional, por un mundo más humano, lejos del capitalismo salvaje, del consumismo y de la opresión.
Esta era la idea que pululaba en todas las cabezas sensatas y honestas desde el día en que Venezuela se vio libre de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez: el 23 de enero de 1958. Pero a finales de ese mismo año, la esperanza de todos se transformó en desconsuelo. Se cumple el derecho y la voluntad popular de elegir, pero el período «democrático» que comenzaba traiciona las aspiraciones populares y los principios de la gesta del 23 de enero, instaurándose un gobierno bipartidista que, bajo aterradoras herramientas represivas y el creado «Pacto de Punto Fijo», los partidos de Acción Democrática (AD) y COPEI se sucedieron alternadamente en el gobierno hasta la victoria de Hugo Chávez Frías en 1998. Las masacres que se produjeron entre 1958 y 1998 son imposibles de calcular con exactitud en cuanto a la cantidad de muertos o desaparecidos que hubo durante ese período, sin embargo, la cifra se estima en varios miles, y se habla hasta de 30.000 personas.

2 comentarios:

Alberto Rodriguez dijo...

Hoy, a 44 años de cometido ese horrendo crimen de la “democracia” tal como la entienden los adecos y copeyanos de vieja y nueva (de)generación, rendimos homenaje, en nombre de Alberto [a quien rememoramos como “el camarada Pipote” allá en la primera sede el PCV en Caracas, a todas las víctimas de la represión impuesta por los gobiernos adecopeyanos para acallar las voces de protesta de un pueblo que nunca dejó de manifestarse contra la violencia del hambre, del desempleo, de la inequidad.

Colectivo Memoria Viva dijo...

“…el reportero José Ramón Bello y el periodista Argenis Marcano se dirigieron al sitio indicado, en un automóvil pequeño. Al llegar a la salina, aledaña al Fortín Magdalena, Bello comprobó que a diez metros de la orilla del mar Caribe flotaba el cadáver desnudo, hinchado, sin pelos y con picaduras de peces en los costados.
Al fotógrafo le llamó la atención que el cuerpo estaba descompuesto pero no hedía, quizás conservado por la sal. Asimismo la cadena plateada de unos dos metros que el difunto tenía amarrada con una trenza de cuero marrón en el cuello. De la cadena pendía un pico (herramienta agrícola) que había sido asegurado con un candado amarillo marca Viro, a través de un orificio en la parte superior del palo.
Bello ayudó al pescador Carlazán Narváez (hoy fallecido) a sacar el cuerpo del agua para dejarlo en la costa. Ellos dedujeron que el muerto era de un lugar lejano, pues en la ciudad no había desaparecidos.
Tras hacer las gráficas, el equipo de El Tiempo fue a la sede de la Policía Técnica Judicial (PTJ), en el cruce de las avenidas 5 de Julio y Miranda en Barcelona. En la delegación, Bello le informó al jefe del despacho, comisario Líbano Hernández, que el cadáver tenía una cadena. El oficial expresó: “Me la hubieras traído. ¿Es de oro?” El reportero le explicó que era de eslabones de hierro. Y el oficial, como buen sabueso, aseveró: “Es un asesinato”.
Aunque muchos sospecharon que ese cuerpo pertenecía al camarada Lovera, no se supo sino 5 meses después, el 3 de marzo de 1966, en la exhumación del cadáver del cementerio de Barcelona que, efectivamente, ese cuerpo era el del Alberto, a pesar de que las yemas de sus dedos habían sido rebanadas, su rostro y dentadura molidas y que tenía vértebras cervicales desprendidas, como se reveló en la autopsia.
“La inmoralidad de adecos y copeyanos era tanta que llegaron a esparcir la especie de que Lovera se había “ablandado” en su línea política y por ello había sido ejecutado por sus propios compañeros de línea “dura” (recordemos el documento “Operación Loto contra Macuare” que fue ‘descubierto’ en uno de los allanamientos practicados por los mismos asesinos de la DIGEPOL en la casa de Gustavo MACHADO en septiembre de 1963), infundio convertido en información oficial por parte del Jefe de la DIGEPOL, J. J. PATIÑO GONZÁLEZ, quien para ello se valió de un exmilitante del PCV, el delator Helímenas CHIRINOS, y de otro policía de su misma calaña, Ramón Ovidio ATAIDE OLVERA.